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14.12.20

Balance de un año histórico

Después de dos años recesivos para el sector, las consecuencias de la larga cuarentena, a raíz de la pandemia, paralizaron la construcción y la actividad inmobiliaria echando por tierra expectativas y proyectos. La opinión de los desarrolladores.

Se podría decir que el 2020 fue el año “en que vivimos en peligro”, aunque éste todavía no haya pasado y se ciernan no pocos interrogantes con respecto al 2021, los empresarios confían en que el Gobierno dará incentivos al sector y en una débil recuperación de la economía.

Para Gustavo Llambias, vicepresidente de la Asociación Empresarios de la Vivienda (AEV), el impacto de la pandemia y la cuarentena con el cierre de las obras generó problemas de todo tipo, tanto en materia de avances de los proyectos como de cobranza de las unidades vendidas. “Esto nos llevó a suspender las cobranzas hasta retomar la actividad, dejando a la empresa virtualmente detenida durante más de seis meses. Todo esto llegó además luego de 2 años, como fueron el 2018 y 2019, especialmente malos para el sector. En este segundo semestre, si bien las obras se han reiniciado y vamos recuperando algunas actividades, estamos lejos de la normalidad. En suma, ha sido un año completamente olvidable”, precisa.

Desde la Cámara Empresaria de Desarrolladores Urbanos (CEDU), su presidente Damian Tabakman señala que “en general no fue un buen año. Hasta la pandemia venía bien. Luego párate total y más recientemente preparándonos para un rebote el año próximo. De los cambios surgidos durante la pandemia, creo que el home office quedará mayoritariamente. Trabajo más flexible y menos estructura fija también”.

Para los desarrolladores, sin dudas, fue un año complejo. Ezequiel Chomer, director Financiero de Grupo Chomer opina que durante la primera etapa de la cuarentena se paró todo el país, en el caso de la empresa se frenaron las obras por unos tres meses. “Afortunadamente fuimos consiguiendo permisos para continuar, y al día de hoy estamos avanzando con un ritmo casi normal. En cuanto a las ventas, hubo un paráte importante, aunque en la segunda mitad del año comenzaron a realizarse varias ventas, asumiendo, claro está, una baja considerable en los precios. Pero como la misma baja se trasladó al costo de la construcción, no nos afectó tanto”, considera.

También para Flavio Galli, CEO de Grupo Tueroc: “El primer semestre fue totalmente atípico, desconocido, con muchísimas sorpresas. A medida que fueron avanzando los meses, lo que tratamos de hacer fue un análisis punta a punta, económico-financiero de la empresa y el estado de cada uno de los proyectos. Hecho este análisis de riesgo, y luego de comprobar que los emprendimientos podían gozar de buena salud, hablamos con los inversores para ver cuál era su situación particular o personal. Luego de tres o cuatro meses, con el excedente de capital lo que pudimos hacer fue ir acopiando los materiales que nos faltaban para las obras y de esa manera tuvimos una etapa de muchísima gestión de compra y un trabajo muy arduo de oficina desde la casa, adaptándonos a esa nueva normalidad”, Gonzalo Monarca, presidente del Grupo Monarca coincide en que fue un año bastante particular para todas las industrias argentinas. El mercado inmobiliario, en general, viene sufriendo hace algunos años la inestabilidad económica. Y este año, en particular, el paráte de varios meses debido a la pandemia empeoró un poco la situación. A pesar de eso, el mercado de la construcción se vio favorecido, gracias a la baja de los costos en dólares. Aquellos que tenían la tierra pudieron comenzar a acopiar material para avanzar en el desarrollo de la obra.

QUÉ SE ESPERA DEL 2021

La mira está puesta en el 2021 y en un rebote de la actividad que pueda, de alguna manera, compensar las pérdidas. La aplicación de un plan de desarrollo de la vivienda, que fue consensuado entre las distintas entidades representativas del sector, está entre las expectativas.

“Si la conducción económica empieza a dar señales que generen confianza a futuro y no tenemos una segunda ola del virus, esperamos un año de transición, de la muy mala situación actual hasta retomar las condiciones pre-pandemia sobre el segundo semestre. Si se concretan los pronósticos oficiales de 3% de crecimiento del PBI, el sector puede llegar a crecer un 15%, pero arrancando de un piso histórico, es decir, sin concreciones espectaculares. Si el Gobierno pone en marcha las distintos mecanismos de promoción e incentivo del sector, sumándolos a una pequeña pero sostenida recuperación económica, el sector está en condiciones de reaccionar fuertemente, con lo que somos moderadamente optimistas, manteniendo una posición expectante”, resalta Gustavo Llambias.

Chomer también espera que se normalice la situación financiera. “No puede ser que un país que dejó atrás un default tenga tasas de dos dígitos, cepo y restricciones a las importaciones. Creemos que si se avanza en aumentar la carga tributaria puede ser muy nocivo para el sector privado, pero confiamos también en que hay sectores como la construcción, el turismo y los commodities que podrán ayudar a traccionar”.

 INCENTIVOS PARA LA INDUSTRIA

Desde el Grupo Tueroc, Galli, señala que no hay que desconocer el contexto generado por la salud y los problemas de desabastecimiento de materiales. Pero destaca: “Tenemos muchas esperanzas en que todo lo que viene anunciando el gobierno se convierta en realidad para que nuestra industria finalmente sea la generadora de muchos puestos de trabajo y el motor de la economía. Se ha trabajado mucho desde las Cámaras y desde la micro empresa, en la que, definitivamente, el gobierno debería poner el foco, algo que durante la pandemia funcionó muy bien, hubo grandes acercamientos. Ojalá que no se rompa eso y que empiecen a escuchar un poco más a los micro empresarios, que creo que son el futuro del país, como se demuestra en el resto del mundo, donde se
trabaja realmente con incentivos para las industrias”

A su vez, Monarca reconoce que el mercado está pasando por un momento complicado, pero cree que la salida paulatina de la pandemia y el movimiento económico en busca de nuevas inversiones, ayudará al crecimiento. “Sabemos que el mercado inmobiliario es una de las industrias que motoriza y potencia la economía de un país. El ladrillo es un refugio de valor genuino no solo en Argentina, sino en el mundo entero y en los periodos de crisis ha demostrado ser lo suficientemente sólido como para que los inversores sigan confiando en él. Por este motivo, el que busca ahorrar en moneda extranjera tiene la opción de invertir en lotes o proyectos de pozo en pesos argentinos pensando en el corto, mediano y largo plazo. Aunque subraya que es fundamental poder disponer de reglas claras para el mercado, una economía más estable, la posibilidad de créditos para la clase media e incentivos para las empresas constructoras que favorezcan las inversiones y potencien nuevas zonas”, puntualiza
 

 
 
 
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