Lunes 1 de Marzo de 2021
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Portada / Bienes Raíces y Arquitectura / Nota

08.08.12

La trampa de las razones

Un viejo chiste narra que en un juicio, el magistrado escucha la posición del fiscal y masculla “Tiene razón…”. Después escucha al abogado defensor y murmura “Tiene razón…”. El ordenanza que le sirve un café y lo conoce hace años, le musita al oído: “Perdone Su Señoría, pero creo que no le puede dar la razón a las dos partes…”. Y el juez lo mira y le responde: “¿Sabe que usted también tiene razón?”.

La humorada es aplicable a la actual coyuntura del sector del real estate en todas sus variantes, ante las medidas de control cambiario. Tienen razón los que dicen que son equivocadas y que generan frenos inadecuados en la construcción y comercialización de viviendas, pero también tienen razón los que dicen que hay que evitar las profecías autocumplidas, porque de tanto decir a los actores de los negocios inmobiliarios que todo está frenado, a la larga se logra que nadie se anime a nada y que todo se frene, hasta lo que no lo estaba…

¿Habremos llegado a la conclusión, tal vez pretensiosa, de que en la vida no basta tener razón, sino poder aplicarla en pro de la solución de los conflictos y al mismo tiempo admitir que nadie tiene toda la razón ni es dueño de todos los aciertos o todos los errores?.

Hasta estas medidas coercitivas de la libertad cambiaria, el mercado había obtenido repuntes notables tras la crisis nacional del 2002 y tras las distintas burbujas internacionales del 2008 y los coletazos del 2009. En una plaza históricamente dolarizada y en un país donde el término pesificación genera cuadros de terror, las medidas intervencionistas resultaron fatales.

Pero el dirigente, el ejecutivo, el hombre de negocios, el agente inmobiliario, el asesor de inversores, es aquel que, si quiere cumplir cabalmente con la misión que le corresponde, no puede ni debe sumarse a la cadena del pánico. La función debe continuar.

Así como el estadista debe saber qué pasa mañana con la medida que tome hoy, el dirigente debe saber qué medida tomar hoy para que el mañana sea mejor que el ayer.

Por eso, modestamente abogamos por el esfuerzo conjunto de los responsables del mercado, por el eclecticismo suficiente que permita tomar lo razonable de cada posición y elaborar propuestas superadoras de estos tragos amargos. ¿No hay dólares?. Búsquese entonces un acuerdo pesificador que sea equilibrado entre comprador y vendedor, entre inversor y constructor, entre intermediario y partes enfrentadas.

Y retomar la capacidad de asesoramiento de las partes con la cabeza puesta en que la operación no debe caerse y ninguna debe salir gananciosa si ello significa el perjuicio de la otra.

Mejor recordar entonces que las grandes naciones del mundo han progresado por la inteligencia y la audacia creativa de sus dirigentes en todas las áreas. Y que muchas veces el éxito no ha sido gracias a sus gobiernos, sino pese a sus gobiernos...    
 

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